Los nuevos soldados castristas en Miami.

Sugiero a cubanos, venezolanos y el resto de latinoamericanos, la lectura de este artículo de un conocedor de la índole de los anti y los pro…castristas.

Fecha: 24 septiembre, 2019Autor/a: Adri Bosch0 Comentarios

Por Antonio Ramos Zúñiga

Volviendo al problema de nuestro tiempo: la trompeta de Trump y la guerrita civil de los mamertos, en medio de una aquelarre universal nunca vista, metamorfosis del capitalismo y mucha fiesta anti Trump en la granja de Raúl Castro. Esto no es bagatela, es serio. 

El problema comenzó en el 2016, con Trump de presidente. Por un lado, la intifada, perdón, la “antifada” (de Antifa y asociados) arrollando macabra y rabiosa al compás de Nancy Pelosi y el escuadrón es ya un espectáculo cotidiano en Estados Unidos; por el otro, la trompeta de Trump rompiendo oídos y poniendo a bailar a China con Corea del Norte. Daría risa, si fuera un reality show, pero da pena, es una guerra de demonios. Hacha y machete por un lado, hacerle la vida insoportable y caótica a Trump, lincharlo si es posible. Por el otro, tuitazos enloquecidos, la presidencia descentrada, burlándose de los cabrones, sin ganas de hacer las paces. 

Una guerra en la que se pone en juego el futuro: la versión Bernie Sanders, socialismo democrático, le dice él, contra la versión Bretton Woods (capitalismo actual), la versión globalista de dominio neoliberal marxista cultural (nuevo orden Clinton-Bruselas) contra la versión Trump, capitalismo nacionalista, con libre mercado y anticomunismo, su visión maga (hagamos grande a América de nuevo) y great deal, el buen negocio, el toque de Midas. 

En ese problema está metido medio mundo, y particularmente Miami, la ciudad donde la añoranza y la esquizofrenia nunca terminan. Ahora hay un problema extra, el despertar del socialismo en Estados Unidos. Ese despertar que tiene contra la pared los viejos sueños libertadores de los exiliados cubanos. Pero también hay una compensación: la política de Donald Trump, el único presidente que se ha atrevido a activar la patada más dura contra el castrismo y sus benefactores globales, la Ley Helms-Burton. Por supuesto, esto rompió la tregua idílica obamista, creando la situación de hoy: la ofensiva mediática castrista más vengativa que se recuerde desde los tiempos de Reagan. 

Los pro castristas sin careta (la punta de lanza) 

Los pro castristas puros, antítesis hosca del exilio genuino, ahí están como siempre con su guerrilla del Che, viva Fidel y abajo el imperialismo, el diálogo y los viajecitos a Cuba, al fin y al cabo son vividores del capitalismo y en Estados Unidos la propaganda maliciosa es permitida (Libertad de expresión, primera enmienda; Declaración Universal de los Derechos Humanos, artículo 19). Su discurso proselitista de pensamiento único es de muy bajo efecto. Como son agentes comunistas extremistas, nadie les hace caso. Todos ellos son votantes del Partido Demócrata. Sus feroces críticas contra Trump no son más que un eco del periódico Granma, el diario estelar del castrismo. Sin embargo, son soldados de mil batallas desde los años 70, la punta de lanza. 

Los neocastristas solapados (caballitos de Troya) 

Hay otro tipo de pro castristas, digamos que son más sutiles, intelectualizados y moderados, no son públicamente anti sistema, le cantan loas a la democracia (si es participativa, mejor), a veces critican lo “malo” y “equivocado” del sistema de la isla, pero sin dejar de mencionar lo bueno, los “logros”, también se cuidan de ofender la memoria de Fidel Castro y son anti embargo. Muchos de ellos se declaran liberales estilo americano, evitando la palabra progre, otros socialdemócratas evolucionados, muy pocas veces presentan credenciales castristas, su mejor careta. Son políticamente correctos y los preferidos del Ministerio de la Verdad castrista, porque son más creíbles y disuasivos, por eso gozan de cierta autonomía. Los menos radicales han pasado de las márgenes al centro del establisment miamense, sobre todo en el mundo de la Media. Votan unánimes por el partido demócrata, lo demuestran sus escritos y charlas que son sistemáticamente agresivos contra el partido republicano. Son caballitos de Troya de eficaz antiexilio, émulos de Gramsci, o sea, soldaditos de plomo marxistas culturales. Neocastrista se le llama al castrista reciclado después de la caída del muro de Berlín (1989), el término se aplica en la isla al intelectual no dogmático, políticamente correcto, aprobado por el régimen, al que también le llaman “progresista”. 

Los independientes (la élite mente abierta) 

Hay un grupo independiente muy notable, la élite del libre pensamiento heterodoxo, pero sin abandonar el idealismo del viejo exilio, el anticastrismo sincero. Mayormente son periodistas, escritores y artistas que llevan mucho tiempo en el exilio, algunos han pasado por el Nuevo Herald, Diario Las Americas, Radio Martí, la televisión, la radio, el profesorado universitario, los think tanks más prestigiosos. Tienen mucha audiencia, no por ser admirables talentos, sino porque no le ríen la gracia al totalitarismo, ni se venden, ni son antiamericanos. No es una piña áulica, abren puertas, se han nutrido de marielitos, exdisidentes, balseros, desertores y quedados a través de los ciclos del éxodo cubano. A juzgar por sus escritos, no tienen ningún nexo con la ortodoxia de la isla, ni con los prejuicios del exilio duro. Son tan críticos de la dictadura castrista como de las políticas de los partidos norteamericanos y las falsedades de Miami. A veces sus criterios liberales y objetivos chocan lo mismo con la izquierda o derecha. Pueden ser demócratas o republicanos, trumpistas o antitrumpistas, pero sus críticas no se rebajan, son ponderadas, educadas, no reflejan idiotez, mente estrecha, obsesión magnicida, ni influencias ideológicas condicionantes. Cuando critican lo hacen teniendo en cuenta que la política es mezquina y que la verdad no pertenece a nadie. Los shit detectors prueban que en este grupo no hay caballos de Troya ni drones, y me imagino lo incómodo que se sentiría un soldado de Castro en un medio donde hay pensantes y principios. Este grupo vota por quien le da la gana. Los independientes han pugnado con el exilio histórico, pero a la larga se han puesto de acuerdo. 

Mamertos democastristas (talibanes anti Trump) 

Y aquí quería llegar. Es difícil entender al grupo donde operan los mamertos por ser muy diverso, va de lo sublime a lo ridículo. Está lleno de ideología subrepticia, de 

saltimbanquis intelectuales y caudillos miméticos, rara mezcla complementada con nostálgicos, culturólogos, tapiñados, paqueteros, mulas, apapipios, soplatubos, ex segurosos y refugiados recién llegados. Es el grupo que más inyecciones de “hombre nuevo” tiene en la sangre. Por eso es aquí donde el castrismo tiene su mayor audiencia. 

A este grupo pertenece el nuevo ente, aparecido en el 2016, mitad liberal, mitad empático castrista, y todo lo demás atorrante: el democastrista (especie sofista escatológica), la nueva personalización del antiexilio. Lo de demo es por su afinidad con el ala populista de izquierda del Partido Demócrata, el obamismo, aunque lo define más su alma castrista. Algunos le llaman mamerto, calificativo mata cucaracha, que ha reinventado y popularizado el escritor cubano Armando de Armas (1) y con ello pisado muchos callos. 

La palabra mamerto se retrata sola. Es el niño bitonguito mamón de dedo; alguien “que saca el culo”. Hijo de la mamada, en Colombia, donde se le aplica al militante comunista. Hijo de la chingada, en México. “Hijo de la putanía”, según la costumbre desde Cervantes. La palabra además acopla con “zapingo”, que le oí a Zoé Valdés, con “bemba de perro”, como denostaba Mario Pons al hablamierda y con “aura tiñosa”, la mejor definición del miñón castrista, debida a Cabrera Infante. 

Aclaro, no todos los mamertos son cacafuacas maximalistas ni talibanes castristas, los hay buenas personas, el partidismo no hace al mamerto, es la actitud, a veces caer pesado. Ser del partido demócrata, por ejemplo, no te hace mamerto. Aun quedan idealistas del Partido de Roosevelt que defienden la democracia patriótica, decente y anti-totalitaria, nada tienen que ver con Whoopi Goldberg, Antifa, el Squad ni con Hollywood. Concretamente, no son los mamertos sino los democastristas los nuevos soldados de Fidel, hasta que se demuestre lo contrario. 

Para mucha gente, los democastristas siempre han existido, pero no tenían patronímico ni eufemismo. Se les denominaba categóricamente castristas o pro castristas, y también cambia casaca, dialoqueros, pro apertura, quinta columna, izquierdosos, vendidos, espías, disidentes fabricados, apapipios. Se manejan algunos nombres gastados: Aruca, Joe García, Luis Ortega, José Pertierra, Carlos Rivero, Carlos Saladrigas, Lisandro Pérez, Max Lesnik, Andrés Gómez, etc. El mejor periodismo fundamentalista antiexilio lo hace una tríada siamesa mamértica: Lázaro Fariñas, Edmundo García y Alejandro Armengol. Este último, desde que dirige Cubaencuentro, ha convertido una importante revista intelectual cubana en su propio antro marxista cultural, fanáticamente anti Trump. Una manada de impostores y de guerrilleros mediáticos se arrastran alrededor de ese brujo, en cuba-desencuentro-cambalache. 

Sigamos con el nuevo ente, que no es el resultado de una entelequia, sino de una orden: la de malearle la fiesta de la victoria a Trump y cortarle la mota. ¿De dónde vino esa orden? Claro que desde arriba, como se dice, pero la verdad puede ser más simple, la orden se lleva en la vena, es la afinidad ideológica. La especificidad del nuevo comecandela anti Trump del exilio es que puede ser castrista y anticastrista a la vez, pero con alma refleja castrista y tracatán mental. Hay que comprender que la marca castrista 

no se desprende fácilmente de los egos narcisistas desdoblados y maniáticos, sobre todo en el caso de los intelectuales orgánicos ambiciosos, capaces de adaptarse a cualquier oportunismo, por poder, mala leche o sinecura. Este es el tipo de persona que ayer fue anticastrista y hoy se pone del lado de los aliados del castrismo, el partido demócrata radical, la izquierda internacional y el globalismo progre. 

La guerrita contra Trump ha servido para que las mosquitas muertas y los solapados se quiten la careta. Claro que uno debe respetar las diferencias políticas, algo que este nuevo ente no hace. Personalmente tuve una fea experiencia con un intelectual democastrista egocéntrico, un tal “compadre dale dale”, que me trató a lo cheo chusmita por no pensar como él. Esa es la nueva onda, el vilipendio y caerte en turba, montar mítines de repudio en los blogs y Facebook, mucho fake news a lo descarado, linchar a Trump a como sea. Cosas así pasan cada día, y a medida que caen las caretas, la pestilencia aumenta y las banalidades y los camuflajes ideológicos se vuelven asco. 

Resulta que los nuevos soldados de Fidel niegan ser castristas, se declaran liberales y postmodernos, a la par que acusan a Trump de nazi, racista, espía ruso, demente, pedófilo, mafioso y mil calumnias más, sin dar prueba, peor que el Informe Muller. Hasta lo comparan con Chávez, Fidel Castro, Hitler, el coreano del Norte, Lucifer y otros espantajos. Para colmo dicen cosas tan desatinadas como que Trump abandonó a Cuba porque no la invadió. Atroz infantilismo. De invadirla, lo habrían acusado de invasor (Ellos lo saben, hasta ahora Trump es el único presidente norteamericano que no ha invadido a ningún país). Riegan miles de mentiras y difamaciones en las redes sociales, las mismas mentiras repetidas miles de veces por los enemigos de la democracia y de Estados Unidos en todo el mundo, empezando por los titulares de la prensa cubana comunista. 

¿Y quiénes son los enemigos de Trump, aparte de los soldados de Fidel, CNN y los demócratas liberales? Son una extraña mezcolanza que da miedo: ideologías y creencias históricamente enemigas y letales irreconciliables, el comunismo, el capitalismo neoliberal, islámicos y totalitarios, la izquierda internacional, el Vaticano, el chavismo, el castrismo, Podemos, el Foro de Sao Paulo, el socialismo español, anarquistas, guerrilleros sudamericanos, terroristas, rusos y chinos, Irán, los sirios y palestinos, ISIS, toda esa alianza oliéndose el sobaco metidos en el mismo saco, así es la política. Fíjense bien, la mayoría de ellos amiguísimos y sostenedores de la dictadura de Fidel-Raúl Castro. Todos ellos votan por el partido demócrata, obviamente, porque es su salvación. No la nuestra. 

Ya saben lo que le espera a Cuba si derrotan a Trump: fin del embargo, 100 años más de dictadura, probablemente modelo chino tropicalizado, cero privilegio migratorio y fin del exilio, tutela neoliberal global, mucho maceta y mayimbe neocastrista, infinita pobreza, la isla tan presa como ahora. Si no fuera porque el futuro seriamente está en juego, el castrismo no se gastaría un centavo en azuzar sus perros para que muerdan. 

Los nuevos soldados de Castro, que son parte de esa alianza, deben saber que en las democracias auténticas, y ojalá esto no cambie, las guerras políticas no se ganan con 

vilipendio ni con mentiras, ni ganan los más desaforados ni los más escatológicos, ni los que más odian, se ganan con el saldo económico y el voto. Es cierto que ustedes pueden socavar el prestigio del presidente que no les guste, con maquinación y propaganda, confundir ciertas conciencias, pero es más difícil tumbar las columnas bien plantadas y borrar los claros ejemplos. También ustedes pueden lograr que la ignorancia ciega les siga y pisotee los frutos, y sin duda pueden beneficiarse de ciertos errores y turbulencias en las cúpulas, pero al final la razón se abre camino y junto al bolsillo son los que votan en el tribunal de cuentas. Así que es mejor esperar el voto. Y gane quien gane, hay muchos como yo que siempre recordaremos que ustedes fueron el peor esperpento, porque no solo abandonaron a Cuba sino también el ideal y la confianza de los amigos. Que los perdone dios, pero que no los perdone el diablo. 

Notas (1) Para entender lo que es el exilio y el antiexilio, recomiendo estos libros de Armando de Armas: Mitos del antiexilio (Ed. El Almendro, Miami, 2007), Los naipes en el espejo (CreateSpace, 2016). 

Antonio Ramos Zúñiga Historiador y periodista 

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